martes, 22 de septiembre de 2009

UN PROYECTO DE SOCIEDAD EN CLAVE DE UTOPÍA PARA LA REGIÓN DE MURCIA (II)



Nueva oferta educativa y nuevos valores

Para mí este es el punto neurálgico de un proyecto de sociedad en clave de utopía. Nada de lo que estamos proponiendo será posible si no se da una oferta educativa capaz de fomentar las nuevas necesidades socioculturales, capaz de conectar con las necesidades del futuro mercado de traba­jo, capaz de transmitir valores que no estén basados precisamente en la compe­titividad y en el mundo del interés.

Una oferta educativa que, desde luego, debe ir MUCHO más allá de la educación reglada, superando los límites de la escuela: educación compensatoria, en muchos casos de forma prioritaria en una primera etapa, en alternancia (trabajo práctico con formación), educación de adultos, reciclaje constante ocupacional, sobre todo para los colectivos más marginados y en todos los ámbitos de la actividad humana. Oferta educativa que debe ir impregnada de valores de solidaridad, por tanto incompatibles con los modelos de enseñanza elitista y privada. (Aprenda Sr. Sánchez Artés y apueste más por la educación pública y menos por el Majal Blanco).

Una oferta educativa que deberá orientarse fundamentalmente para que los niños y jóvenes sean más autónomos, con una combinación adecuada de conocimientos manuales, técnicos, informáticos, culturales, de creatividad y, sobre todo, de relaciones interpersonales para la cooperación y para la solidaridad.

Una oferta educativa con una clara voluntad para cambiar radicalmente los hábitos de consumo: menos consumo material y más consumo cultural, cosa que supondrá, por otra parte, un ahorro social para financiar otras necesidades culturales.

Una oferta educativa que se libere del imperio del “Mercado Total”, y deje de estar sometida tanto a la compra y venta de conocimientos y de títulos, como a los intereses económicos de turno.

Desafío utópico, pero viable, para los docentes y comunidades educativas. Sin olvidar, claro está, una pregunta previa a la que deberá darse cumplida respuesta: ¿Quién se ocupa hoy, a corto plazo, de esos niños y jóvenes con necesidades educativas especiales, por los que, según están las cosas, nadie se atreve a apostar?... Ahí se encuentra la utopía de futuro condicionada por la apuesta utópica del presente, ya ahora.

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